Soneto a la poesía

De umbral incierto, nace el don latente,
y solo el hombre tiene la destreza
de ver y darle nombre a la belleza
y luego alimentarse de su fuente.

Así nació la lírica cadente,
alquímica unidad, en cada pieza,
confluye aquel cantar de sutileza,
capaz de emocionar a todo oyente.

Retórica beldad, su flor perdura,
mecida por la brisa del rapsoda,
libada por poetas en desvelo.

Baladas que recorren nuestro cielo
superan en su viaje toda moda,
germinan en el alma a su lectura.

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